sabato 21 agosto 2010

La apertura en abril de su primera tienda en Nueva York generó una enorme expectación. ¿Para triunfar de forma global sigue siendo necesaria la conquista de América? En Europa aprecian mucho mi trabajo. En España y en los países escandinavos tengo mucho apoyo. Pero me faltaba Estados Unidos. Sentíamos que teníamos la capacidad de tener más éxito allí. De todas formas, mi objetivo no es ser masiva. Quiero mantener mi compañía pequeña. La delicadeza es fundamental. Quiero estar presente en las principales capitales de la moda, pero de la forma que mejor me representa y en la que creo.

¿A qué atribuye esa sintonía con España? Es una cuestión de filosofía. Lo que yo diseño es fácil, pero no superficial. Puedes llevarlo durante mucho tiempo, tiene su lado poético, es diferente, pero no demasiado… Mucha gente en España se reconoce en eso y me siento muy cerca de España en mi espíritu, en mis gustos… Es difícil de expresar, pero creo que compartimos muchos puntos de filosofía vital.

Su filosofía estética y su concepto parecen hechos a la medida de una época que busca una moda más sensible, humilde y discreta. Pero ¿qué pasaba antes? ¿Se sentía excluida cuando se favorecía la ostentación y una sexualidad agresiva? No pienso en esos términos. Es cierto que durante los años dorados de Tom Ford no sentía que fuera mi tiempo. Pero siempre he tenido seguidoras, mujeres que no querían ser tan abiertamente sexys, que no compartían esa imagen. Siempre hay sitio para estilos diferentes. Nunca soñé con ser una diseñadora muy famosa, sino con poder diseñar lo que quisiera y como quisiera. Por eso siempre he rechazado las propuestas para ser comprada por una gran compañía. Para mí, el mayor lujo es que nadie me diga qué tengo que hacer. Cuanto más he seguido mi instinto, más éxito he tenido.

¿Le han hecho muchas ofertas para vender? Sí, bastantes. Es agradable. Significa que a la gente le interesa lo que hago. Pero nunca me he sentido tentada de verdad. Sé cómo termina casi siempre. Era muy joven cuando creé mi compañía y mi política siempre ha sido ir paso a paso, sin prisas. He aprendido de mis errores. Somos realistas. No soñamos con imposibles, sólo queremos ser fieles a nosotros mismos.

Esos pasos no han sido los típicos. Empezó con una colección de joyería, luego una de punto y finalmente la ropa. Sí, empecé con las joyas, reinvertí lo que gané y fui creciendo despacio. En un momento dado, me pidieron que hiciera una colección de punto con mi madre y lo hicimos juntas hasta que ella tuvo problemas económicos en su empresa. Así que me quedé sola. A mediados de los noventa empecé a estar más segura de mí misma y a organizar mi marca, con desfiles y todo lo demás. Y mi madre acabó trabajando conmigo hasta que se retiró.

Su madre, una modelo alemana, se separó de su padre, un francés de libro, siendo usted niña. Según su propio relato, él se casó con una mujer caribeña que fue como una segunda madre. Las relaciones entre todos ellos han sido inusualmente fluidas. ¿Qué efecto ha tenido esa mezcla en su trabajo? Sin duda, ha influido. Fui educada en un entorno multicultural. Pero mi forma de hacer las cosas tiene mucho que ver con mis viajes. He estado en India, en África… Era muy joven y no tenía un duro, pero me iba a todas partes con mi mochila. Siempre me fascinó cómo la gente que menos tiene es capaz de crear los objetos más hermosos a partir de la nada. Soy una gran amante de la artesanía, me fascina ver lo que el ser humano es capaz de hacer con sus manos. No me gustan los diamantes, ni los pedruscos. Cuando volví a París después de tres meses en África quise reproducir lo que había visto. Así nació mi colección de joyas.

¿Colaboraba con esos artesanos en sus colecciones? Al principio, mucho. Me hacían bordados o botones con técnicas tradicionales. Una maravilla. Por desgracia, cuando tu negocio crece, todo se complica. Tienes que ser muy estricto con las fechas de entrega. Y la relación se convirtió en una pesadilla. Estamos hablando de poblados remotos donde a veces ni siquiera había un teléfono al que llamar si las piezas no llegaban. Pero fue una de las épocas más bonitas de mi vida. Estaba loca. Miraba libros, encontraba pueblos nómadas que tenían un legado de artesanía especial y me iba a buscarlos. Eso funcionaba cuando la empresa era pequeña. Ese es el problema de crecer. Te impide hacer ciertas cosas. Y yo quiero seguir teniendo la posibilidad de trabajar así, de tener un contacto y una escala humana. En todo caso, me alegra que con la toma de conciencia de la industria se fomente cada vez más la relación con estos talleres tradicionales.

¿Es real esa toma de conciencia? Hay mucha falsedad. Yo no pretendo vender que hago moda sostenible. No es cierto. Mucha gente sólo quiere sacar partido de todo esto, ahora ser ecológico es políticamente correcto.

Ahora mismo tiene una legión de imitadores, y eso que usted ha sido muy activa en la denuncia de las copias ante los tribunales. ¿Soluciona eso algo? Bueno, al menos he conseguido que me paguen mucho dinero. Les he demandado muchas veces y siempre he ganado. A Gap y muchas otras marcas. Es desagradable cómo te copian. Pero últimamente lo hacen de forma más inteligente. Antes replicaban exactamente, pero han perdido mucho dinero conmigo y ahora introducen pequeñas modificaciones. Si hago una falda con cinco volantes, ellos la producen con cuatro. Ahora estoy teniendo problemas con EE UU. Están empezando a copiarme mucho. Los zapatos, por ejemplo. Pero la legislación aquí es diferente y para poder reclamar que algo es un plagio de un diseño tuyo tienes que tenerlo previamente registrado. Y registrar todo lo que haces cuesta una fortuna.

¿Cómo afectan esas copias a su negocio? Todo se vuelve lo mismo. Antes, si una temporada dabas con una idea potente, podías continuar con ella la siguiente. Hacerla evolucionar. Ahora es imposible. Las tendencias estallan inmediatamente y no tienen recorrido. Tienes que renovarte por completo cada seis meses porque tus ideas han estado tan machacadas que parecen viejas. Hay copias que llegan a las tiendas antes que mis productos. Además, estas firmas se ahorran intermediarios y producen más rápido y más barato. La gente piensa que tú eres el ladrón por cobrar tres veces más que ellos y que, además, se te ocurrió después. Es muy injusto.

¿Qué hace una persona tan poco consumista y vanidosa como usted viviendo del consumismo y la vanidad de otros? Cada temporada, cuando empiezo una nueva colección me cuesta mucho. Después de los desfiles, todo esto me asquea durante una temporada. Yo no me compro casi nada, odio el consumismo. Y no siempre es fácil esquivar esta paradoja. Pero cuando creas algo que está bien hecho y trabajado, que está bien concebido… No necesitas miles de cosas, pero es bonito poseer algunas durante mucho tiempo.

Para crear objetos con otro recorrido, ¿por qué no escapar del sistema de dos temporadas y de los desfiles convencionales? He intentado salirme de esa rueda, pero necesitas tener mucho éxito para poder saltarte las normas. Mis primeros desfiles eran con gente de la calle, luego había cócteles… Venían mis amigos, la gente fiestera de París. Pero me convencieron de que si no pasaba por el aro de las presentaciones con modelos –y en un horario más sensato que las diez de la noche–, no iba a conseguir nada. Esto es mucho menos divertido, pero mucho más eficaz.

¿Por qué su estudio está íntegramente formado por mujeres? No ha sido algo deliberado. Se ha ido creando así. Es un universo muy familiar y femenino. No sé por qué. Los hombres son más creativos porque no tienen nada que les detenga, trabajan con la imaginación y no parten de su realidad. Por eso la innovación en la moda surge más de ellos que de las mujeres. Pero las mujeres son más pragmáticas. Saben instintivamente lo que otra busca en una pieza de ropa.

mercoledì 18 agosto 2010

La domanda è di quelle che spiazzano: cosa rende solida una relazione? Esiste una "scienza del matrimonio"? L'ultima a porsela, autorevolmente, è stata una giornalista e blogger del "New York Times", Tara Parker-Pope, con il suo "For better: the science of a good marriage". Ma la questione da sempre affascina: quale alchimia fa funzionare una coppia per decenni? Un gene, rispondono i biologisti più agguerriti. La fedeltà, vogliono gli irriducibili romantici. Il sesso, sono convinti tutti. Conferma un'indagine del Pew Reasearch Center di Washington, organizzazione indipendente di ricerche sull'opinione pubblica internazionale: per oltre il 90 per cento degli intervistati a far funzionare un matrimonio è la fedeltà, per il 70 una relazione sessuale felice, per più del 60 la condivisione delle incombenze domestiche.

Ma cos'altro ancora? Jane Austen, in "Orgoglio e Pregiudizio", scriveva che la felicità nel matrimonio è solo questione di fortuna, ma psicologi e neuroricercatori non sono d'accordo. Cercano spiegazioni a crisi e solidità di coppia indagando i fattori biologici che potrebbero influenzare la stabilità di una relazione, studiando le radici psicologiche del tradimento.

"L'amore solido si costruisce", è convinto Giorgio Piccinino, terapeuta. Nel suo ultimo saggio per Erickson lo chiama "Amore limpido" e sottolinea come, sfumato l'innamoramento, deve cominciare un lento e costruttivo lavoro di manutenzione. "Sposarsi è la parte facile della questione, ma come si fa a essere felici in amore? Come si trasformano i "copioni affettivi" appresi nell'infanzia in una relazione adulta?". Jorges Luis Borges parlava di offrire all'altro "quella sponda della propria vita che noi stessi non possediamo".

Per Arthur Aron, del Dipartimento di Psicologia della Stony Brook University di New York, che studia da anni la complessità delle relazioni dal punto di vista biologico (scannerizzando le attività cerebrali dei partner) e psicorelazionale, "la coppia che funziona è quella che consente a ciascun partner di ampliare il sé". In inglese rende meglio. Si chiama teoria della self-expansion: è felice la relazione che mi consente di potenziare le mie peculiarità, di arricchire la mia identità e le mie competenze, di espandermi facendo mie caratteristiche, interessi e risorse dell'altro. È il partner a stimolarmi al miglioramento. Se, come scrive Cristina Comencini nella pièce teatrale "Due partite", le donne non vogliono più spolverare il pianoforte ma suonarlo, in una coppia felice l'altro è quello le lascia il piano, anzi: che l'incentiva ad aprirlo.

"L'altro è la mia possibilità evolutiva", sintetizza Piccinino: "La vita di coppia è questo, un viaggio di due persone incomplete e differenti, con mete precise: migliorarsi, evolvere, insieme e come individui". Per Saint-Exupéry era il viaggio di due persone che non si guardano l'un l'altra, ma guardano nella stessa direzione. "La condizione è la disponibilità a cedere all'altro alcune delle proprie caratteristiche positive", continua Piccinino. Con due alleati: il bene e il sesso. La capacità di tifare per l'altro, assecondandone crescita e progetti, e la passione erotica. "La rinuncia a far bene l'amore è una delle cause più evidenti di aggressività, insoddisfazione e perdita di identità: un disastro per la natura umana". E quando, dopo tre anni (il tempo necessario e sufficiente, garantiscono i neuroscienziati, ad assicurare il perpetuarsi della specie), l'innamoramento si affievolisce, allora deve cominciare il lavoro, faticoso, di costruzione del rapporto. "Choose well and then work like hell", chiosa Andrew Christensen, docente di psicologia all'University of California di Los Angeles: prima scegli bene, poi lavora come un dannato.

Tra le istruzioni per l'uso di un buon rapporto, secondo il professor Aron, c'è il lanciarsi in novità condivise. Pochi lo mettono in pratica. "Invece il calo di soddisfazione che colpisce i rapporti potrebbe essere arginato facendo insieme nuove attività", argomenta lo studioso. Uno sport da fare insieme, qualche cena in ristoranti speciali. La biologia lo conferma, le coppie che condividono nuove esperienze stimolanti sono più felici: le novità alimentabo il sistema dopaminergico, emulando la chimica cerebrale delle prime fasi dell'innamoramento.

domenica 15 agosto 2010

Tim Robbins

¿Oscuras? ¿Desesperadas? He estado componiendo sobre eso. Creo que la única manera de vivir en plenitud es con la valentía suficiente para afrontar lo que se abre frente a ti, las experiencias. Empiezas a morir cuando te cierras. Cuando te obcecas en la seguridad. Porque nunca sabemos ni estamos seguros del todo sobre nada.

¿A qué edad corres ese riesgo, el de estar seguro de todo? A cualquiera. A todas.

Más a los 10 que a los 50, me temo. ¿Y usted? Yo no estoy seguro de nada nunca. Una de las cosas más grandes que aprendí de Robert Altman es que la humildad es una fuerza y que la honestidad también. Que no debes ser el puto amo. Una vez, cuando le pregunté una duda sobre mi personaje en El juego de Hollywood, me dijo: “Mira, no lo sé. No tengo ni idea”. Era un tío al que le consideraba una especie de mentor y nunca fingía saber lo que desconocía. Simplemente admitía sus dudas y te animaba a resolverlas con él.

Admirable. De todas formas, usted siempre ha tenido debilidad por esos creadores de los espacios neutros, grises, ambiguos pero complejos, como Sam Fuller u Orson Welles, a quienes dedicó un documental y su película ‘Abajo el telón’. ¿Dónde hay que colocarlos? Cuando la gente dice que rayaban lo fascista, ¿qué opina? No se puede temer lo desconocido, ni estar seguro de que lo tienes todo resuelto. Hay que perseguir la verdad, es lo que nos guía.

Hay que perseguirla, ¿pero con la incertidumbre de no saber dónde se halla? Lo vamos descubriendo por instinto. Si la verdad está en las áreas más grises, acechémosla, pero no debemos manipularla para convertirla en blanco y negro, sino que debemos ser lo suficientemente arriesgados como para dejar que perviva en esa indefinición, esa ambigüedad. Eso hacía Fuller. Los comunistas le tildaban de fascista, y los fascistas, de comunista.

Eso te convierte en especial. Hay que tener talento para conseguirlo. Pasa algo parecido con John Ford y ‘Centauros del desierto’ o con ‘Apocalipsis now’, de Coppola. Efectivamente. Pero, insisto, seamos valientes para formularnos todas esas preguntas.

sabato 14 agosto 2010

Creo que las historias son el alimento basico del alma. No podemos vivir sin historias. De una manera u otra, toda persona se alimenta de ellas desde que tiene dos años hasta que muere. La gente no tiene por qué leer necesariamente novelas para satisfacer su anisa de historias. Ven la tele o leen tebeos o van al cine. Les lleguen como les lleguen, estas historias son cruciales. A traves de las historias luchamos por hallarle sentido al mundo. Eso es lo que me hace seguir adelante: lo que justifica que me pase la vida encerrado en una pequeña habitación, poniendo palabras sobre el papel. El mundo no se acabaría si no volviera a escribir otro libro. Pero a fin de cuentas no creo que sea una actividad completamente inutil. Forma parte de la gran empresa humana que intenta encontrar sentido a lo que hacemos en este mundo. En el proceso de escribir hay muchos momentos de desolación, muchos momentos en que te preguntas por lo qué lo haces y qué sentido tiene: a veces es importante recordar que no lo haces en vano. Ésta es la única cosa que he encontrado que para mí tiene sentido.

Paul Auster
Oggi ho letto questo frammento dei diari di Tolstoi en El Pais:

"[24 de marzo de 1847] He cambiado mucho, pero nunca he alcanzado el grado de perfección que habría deseado.
[7 de abril] Me voy una semana al campo. ¿Qué hacer durante esa semana? Aprovecharé para estudiar inglés, latín, derecho romano y ocuparme de las normas que quiero imponer a mi vida.
(...)
¿A qué dedicaré mi tiempo en el campo durante los próximos dos años? 1) Estudiar derecho para aprobar el examen final en la universidad. 2) Estudiar los primeros elementos de la medicina teórica y práctica. 3) Estudiar lenguas: francés, ruso, alemán, inglés, italiano y latín. 4) Estudiar agricultura teórica y práctica. 5) Estudiar historia, geografía y estadística. 6) Estudiar matemáticas (curso del instituto). 7) Estudiar una tesis. 8) Intentar alcanzar la perfección en música y en arte. 9) Poner por escrito la regla de mi vida. 10) Adquirir algunos conocimientos en ciencias naturales. 11) Escribir algo sobre todos los temas que estudie.
[18 de abril] Me he asignado demasiadas normas y he querido seguirlas todas a la vez. No tengo fuerzas suficientes.
(...)
¡Ay! Qué difícil es para un hombre mejorar cuando sólo tiene malas influencias… ¿Llegará algún día en que ya no dependa de las circunstancias? A mi entender, la perfección consiste en eso.
[3 de julio] Mi principal error… es que he confundido el perfeccionamiento con la perfección. Hay que empezar por conocerse bien a uno mismo, conocer sus defectos e intentar corregirlos, en lugar de proponerse como meta la perfección, que no sólo es imposible de alcanzar en un punto tan bajo como en el que estoy, sino que… te priva de toda esperanza de poder alcanzarla.
(...)
Estoy firmemente decidido a dedicar mi vida al prójimo. Me lo digo por última vez: si en tres días no hago nada para los demás, me mato.
(...)
Si no hago nada mañana, me suicido."


La prossima settimana parto per il mare. Approfitterò per scrivere una prima bozza del progetto, individuare le realtà da coinvolgere, decidere cosa fare dalla mia vita… non sono pronta, questo progetto non è abbastanza buono, è meglio che smetta... se entro domani non ho scritto la prima idea, mi suicido.
Nel dubbio fallo
Qualunque cosa tu possa fare, o sognare di fare, incominciala.
L'audacia ha in se genio, potere e magia.
Incomincia adesso.

Goethe